Hoy es lunes, el último lunes de mi vida sin tener hijos (¿existe una palabra para "no-padre"?), así como ayer concluyó nuestro último fin de semana sin ser padres, para celebrarlo nos dimos un buen homenaje culinario.
Empiezo por el final, ayer comimos Bacalhau a Bras, que no significa a la brasa como yo creía hasta hace unos días, para conocer la receta visitad al Apicius vitoriano de quien la he aprendido, aunque no logré un aspecto tan apetitoso seguiré mejorando hasta que pueda llamrse también Bacalhau Dourado.


El sábado estuvo dedicado a ese gran país con forma de bota con la visita a Pasta Gansa, la tienda dedicada a la gastronomía italiana que inauguraron hace ya meses en nuestro barrio y que nunca habíamos visitado por miedo a querer comprarlo todo, como efectivamente ocurrió. La cena fue sencilla pero deliciosa, conchiglioni con canónigos, riccota y pommodori secchi, coronados con una panecillos de esos largos y crujientes que no sé cómo se llaman. La parte líquida por supuesto provenía de la misma península, Lambrusco tinto y seco y el infalible lemoncello. Dos miedos tengo como futuro padre, que a los críos no les guste la pasta y que se hagan del Barça, salvo que ocurra alguna de las dos catástrofes está chupao.
Veréis que no hablo del Tour porque da mucha pereza el rollo de no saber quien gana hasta que pasa una semana, muy decepcionante que hayan echado de tan extraña manera a Rassmusen y más aún que él dé pie a tantas sospechas. Me quedo con algunas etapas que he disfrutado pero me deja bastante frío el ganador final, pese a ese perseguir a las motos que tanto me recuerda a Perico, a ver qué tal el año que viene.
¿A ésta también le van a hacer estatua?.